La forma en la que nos vemos influye en cómo nos relacionamos, tomamos decisiones y afrontamos las dificultades. Sin embargo, no siempre somos conscientes de hasta qué punto la valoración que hacemos de nosotros mismos condiciona nuestro día a día.
Tener momentos de inseguridad o dudar de nuestras capacidades es normal. El problema aparece cuando esa percepción negativa se mantiene en el tiempo y empieza a limitar lo que hacemos, cómo nos relacionamos o las decisiones que tomamos.
¿Qué es la autoestima?
La autoestima hace referencia a la valoración que hacemos de nosotros mismos. Se construye a partir de nuestras experiencias, relaciones, aprendizajes y de la manera en la que interpretamos aquello que nos ocurre.
Tener una autoestima saludable no significa sentirse seguro constantemente ni pensar que hacemos todo bien. Implica poder reconocer nuestras capacidades y nuestras dificultades sin que estas últimas determinen por completo el valor que nos damos.
Por eso, la autoestima puede cambiar a lo largo de nuestra vida y verse afectada por determinadas experiencias o etapas.
Señales de una autoestima baja
No existe una única forma de manifestarse. En ocasiones es evidente, pero otras veces aparece a través de comportamientos que hemos normalizado.
Te cuesta reconocer tus propios logros
Puedes restar importancia a aquello que consigues y atribuirlo a la suerte, a otras personas o pensar que “tampoco era para tanto”.
En cambio, los errores pueden adquirir mucho más peso y convertirse rápidamente en una confirmación de aquello que crees que haces mal.
Necesitas constantemente la aprobación de los demás
La opinión de otras personas puede convertirse en una referencia para determinar si has actuado correctamente o incluso para decidir cómo debes sentirte contigo mismo.
Esto puede hacer que resulte especialmente difícil recibir una crítica, afrontar un rechazo o tomar decisiones sin consultar continuamente a los demás.
Te comparas frecuentemente
Compararnos puntualmente con otras personas es algo habitual. El problema aparece cuando esa comparación se convierte en una medida constante de nuestro propio valor.
Además, solemos comparar aquello que conocemos de nosotros —incluidas nuestras inseguridades— con una parte muy concreta de la vida de los demás.
Te hablas de una forma especialmente crítica
A veces utilizamos con nosotros mismos palabras que probablemente nunca utilizaríamos con alguien a quien queremos.
Pensamientos como “no soy suficiente”, “siempre lo hago mal” o “los demás son mejores que yo” pueden terminar formando parte de nuestro diálogo interno hasta parecer completamente ciertos.
Te cuesta poner límites
El miedo a decepcionar, generar un conflicto o perder una relación puede hacer que aceptemos situaciones que realmente no queremos.
Decir que no, expresar una necesidad o defender nuestra opinión puede generar entonces una sensación intensa de culpa.
¿Por qué podemos desarrollar una autoestima baja?
La autoestima no aparece de forma aislada.
Las experiencias durante la infancia y adolescencia, la manera en la que hemos aprendido a relacionarnos, determinadas críticas, situaciones de rechazo o relaciones anteriores pueden influir en cómo nos percibimos actualmente.
También puede verse afectada por experiencias más recientes: una ruptura, dificultades laborales, cambios físicos, problemas en nuestras relaciones o etapas en las que sentimos que no estamos cumpliendo nuestras propias expectativas.
No se trata de encontrar un único acontecimiento responsable, sino de comprender cómo se ha construido nuestra forma actual de valorarnos.
Cómo empezar a trabajar la autoestima
Mejorar la autoestima no consiste simplemente en repetirnos cosas positivas.
Implica observar y cuestionar determinados patrones que hemos ido aprendiendo.
Algunos primeros pasos pueden ser:
- Identificar cómo te hablas cuando cometes un error.
- Reconocer tus logros sin minimizarlos automáticamente.
- Revisar las expectativas que te impones.
- Aprender a establecer límites.
- Evitar utilizar constantemente a los demás como medida de comparación.
- Diferenciar entre cometer un error y definirte por ese error.
- Dar espacio a tus propias necesidades.
Este proceso requiere tiempo. Muchas de estas formas de pensar llevan años acompañándonos y no cambian de un día para otro.
Autoestima y relaciones personales
La percepción que tenemos de nosotros mismos también puede influir en nuestras relaciones.
Cuando existe mucha inseguridad puede aparecer miedo al rechazo, necesidad constante de confirmación, dificultad para poner límites o una tendencia a interpretar determinados comportamientos como señales de que la otra persona está perdiendo interés.
En algunas ocasiones esto puede relacionarse también con la ansiedad dentro de la pareja. Si te ocurre, puedes leer “Ansiedad en la relación de pareja: cómo identificarla y qué hacer”.
Comprender estos patrones permite empezar a relacionarnos desde un lugar diferente.
¿Cuándo puede ayudar la terapia?
No es necesario esperar a que una baja autoestima afecte a todas las áreas de nuestra vida para trabajarla.
Puede ser conveniente pedir ayuda cuando la forma en la que te valoras está condicionando tus relaciones, tus decisiones, tu bienestar emocional o las cosas que te permites hacer.
En terapia podemos explorar de dónde procede esa percepción, identificar los patrones que actualmente la mantienen y construir progresivamente una relación más equilibrada contigo mismo.
El objetivo no es sentirte seguro en todo momento, sino conseguir que las dudas, los errores o la opinión de otras personas no determinen constantemente el valor que te das.
Aprender a relacionarte contigo de otra manera
La forma en la que nos hablamos y nos tratamos puede cambiar.
Si sientes que la inseguridad, la autoexigencia o una percepción negativa de ti mismo están interfiriendo en tu día a día, podemos trabajar juntos para comprender qué hay detrás y encontrar herramientas adaptadas a tu situación.
¿Hablamos?