La ansiedad forma parte de nuestra vida. Puede aparecer antes de una decisión importante, durante una época de mucho trabajo o cuando atravesamos una situación que nos genera incertidumbre. En determinados momentos, incluso puede ayudarnos a mantenernos alerta y responder ante aquello que nos preocupa.
El problema aparece cuando esa sensación deja de ser puntual y empieza a acompañarnos con demasiada frecuencia, intensidad o sin que sepamos exactamente por qué.
Entender cómo se manifiesta la ansiedad puede ayudarte a identificar qué está ocurriendo y valorar cuándo puede ser conveniente pedir ayuda.
¿Qué es la ansiedad?
La ansiedad es una respuesta natural de nuestro organismo ante situaciones que percibimos como amenazantes, difíciles o inciertas.
Nuestro cuerpo se prepara para reaccionar: aumenta el estado de alerta, aparecen pensamientos anticipatorios y pueden producirse diferentes sensaciones físicas.
Por eso, sentir ansiedad no significa necesariamente que exista un problema psicológico. Todos podemos experimentarla en determinados momentos.
Sin embargo, cuando se mantiene en el tiempo, aparece ante situaciones cotidianas o comienza a interferir en nuestro bienestar, conviene prestarle atención.
Síntomas habituales de la ansiedad
La ansiedad no se manifiesta igual en todas las personas. Algunas la experimentan principalmente a través de pensamientos, mientras que en otras predominan las sensaciones físicas.
Síntomas físicos
Entre los más habituales podemos encontrar:
- Palpitaciones o aumento del ritmo cardíaco.
- Sensación de presión en el pecho.
- Respiración rápida o sensación de falta de aire.
- Tensión muscular.
- Molestias digestivas.
- Sudoración o temblores.
- Mareos o sensación de inestabilidad.
- Dificultad para dormir o descansar correctamente.
Experimentar alguno de estos síntomas de forma aislada no implica necesariamente que exista un trastorno de ansiedad. Es importante valorar su frecuencia, intensidad y contexto.
Síntomas emocionales y cognitivos
La ansiedad también puede manifestarse a través de nuestra forma de pensar y sentir:
- Preocupación constante.
- Anticipar que algo va a salir mal.
- Dar muchas vueltas a una misma situación.
- Dificultad para concentrarse.
- Irritabilidad.
- Sensación de estar continuamente en alerta.
- Necesidad de tener las situaciones bajo control.
- Dificultad para desconectar.
En ocasiones, estos pensamientos terminan generando todavía más ansiedad, creando un círculo difícil de romper.
¿Por qué aparece la ansiedad?
No existe una única causa.
En muchos casos, la ansiedad aparece como resultado de una combinación de factores personales, experiencias previas y circunstancias actuales.
Algunos factores que pueden influir son:
- Periodos prolongados de estrés.
- Cambios importantes en nuestra vida.
- Problemas laborales, familiares o económicos.
- Dificultades en las relaciones personales.
- Experiencias negativas anteriores.
- Autoexigencia elevada.
- Incertidumbre ante determinadas situaciones.
- Falta de descanso o sobrecarga emocional.
A veces podemos identificar fácilmente qué está generando ansiedad. Otras veces, aparentemente “todo está bien” y aun así sentimos que nuestro cuerpo y nuestra mente permanecen constantemente en alerta.
Cuando evitar situaciones empieza a alimentar la ansiedad
Cuando algo nos genera ansiedad, es habitual intentar evitarlo.
Puede ser dejar de acudir a determinados lugares, posponer conversaciones, evitar situaciones sociales o buscar constantemente la seguridad de que nada malo va a ocurrir.
A corto plazo, evitar aquello que nos preocupa puede producir alivio. Sin embargo, si esta conducta se repite, puede reforzar la sensación de que esa situación realmente era peligrosa o que no somos capaces de afrontarla.
Poco a poco, la ansiedad puede empezar a limitar aspectos de nuestra vida que antes realizábamos con normalidad.
¿Cuándo conviene pedir ayuda psicológica por ansiedad?
No hace falta esperar a que la ansiedad sea insoportable para consultar con un profesional.
Puede ser un buen momento para pedir ayuda cuando:
- La preocupación ocupa gran parte de tu día.
- Los síntomas físicos aparecen con frecuencia.
- Te cuesta descansar o dormir.
- Estás evitando situaciones por miedo o ansiedad.
- Te resulta difícil concentrarte en el trabajo o los estudios.
- Está afectando a tus relaciones personales.
- Sientes que necesitas controlar constantemente lo que ocurre.
- Llevas tiempo intentando encontrarte mejor sin conseguirlo.
También puede ocurrir que la ansiedad aparezca especialmente dentro de una relación. En ese caso, puedes leer también “Ansiedad en la relación de pareja: cómo identificarla y qué hacer”, donde explicamos cómo puede afectar al vínculo y a la comunicación.
¿Cómo se trabaja la ansiedad en terapia?
El proceso terapéutico depende de cada persona y de las circunstancias que estén manteniendo la ansiedad.
El primer paso suele ser comprender qué está ocurriendo, cuándo aparece y qué factores pueden estar influyendo.
A partir de ahí, la terapia puede ayudar a identificar patrones de pensamiento, comprender determinadas respuestas emocionales y desarrollar herramientas para afrontar aquellas situaciones que actualmente generan malestar.
El objetivo no consiste en no volver a sentir ansiedad nunca. La ansiedad es una emoción natural. Se trata de aprender a relacionarnos con ella de una manera diferente y evitar que termine condicionando nuestra vida.
Pedir ayuda también puede ser una forma de avanzar
Convivir durante mucho tiempo con preocupación, tensión o sensación de alerta puede resultar agotador.
Si sientes que la ansiedad está interfiriendo en tu día a día, en consulta podemos valorar qué está ocurriendo y trabajar desde tus necesidades y circunstancias personales.
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